Un terremoto de 7,8º asola China

Mayo 18, 2008

En los alrededores de Mianyang, ciudad a la que llegó este viernes el presidente chino, Hu Jintao, para solidarizarse con las víctimas, hay cientos de pueblos en los que no ha quedado nada en pie y la ayuda llega de manos de voluntarios que llegan de todo el país, aunque las localidades más remotas siguen sin recibirla. Jiulongcun, un pequeño pueblo de unos 2.000 habitantes que ahora se asemeja a un campo de refugiados, es una de las localidades que ya han recibido esa ayuda, pero los voluntarios advierten que más lejos, en las zonas montañosas, la situación sigue siendo de extrema necesidad.

“En los pueblos de arriba no ha llegado nada. Hay que salvar a los atrapados, y dar alimentos y tiendas a los supervivientes”, señala Liu Dong, un voluntario que como muchos otros ha llegado de Chengdu para echar una mano. “Mi hermana está en Maoxian, a 200 kilómetros de aquí, en las montañas. Desde el día del terremoto no sabemos nada de ella”, cuenta, entre sollozos, Hou Puxiu, una mujer de unos 50 años, malherida en una pierna tras el seísmo. En Jiulongcun se repite el drama de cientos de pequeños pueblos de toda el área montañosa del norte de Sichuan: muchos adultos se salvaron porque se encontraban trabajando en el campo cuando ocurrió el terremoto, pero sus hijos estaban en la escuela, y ésta, al derrumbarse, dejó a 200 de ellos sepultados. “Todos sus compañeros han muerto”, cuenta allí un padre que lleva de la mano a su hijo de siete años, con la cabeza vendada, y que pudo salir milagrosamente de la escuela, corriendo, antes de que ésta se desplomara. Los vecinos señalan lo que queda del banco local, y aseguran: “Uno de los empleados sigue allí debajo”. Al lado, un fuerte olor a alcohol señala los restos de la antigua tienda de licores, y más allá se advierte lo que queda de un tejado tradicional del templo taoísta.

La llegada de la ayuda humanitaria

En Jiulongcun, al menos, se sienten relativamente afortunados por ser una de las primeras pequeñas localidades a las que llega ayuda humanitaria. Medicinas, alimentos y mantas comienzan a ser repartidos por voluntarios y soldados mientras la gente se alinea en torno a camiones cisterna con agua potable y los enfermeros comienzan a desinfectar las chabolas en las que viven ahora los vecinos. También comienzan a llegar tiendas de campaña para que sirvan de casa improvisada durante los largos meses que conllevará la reconstrucción de su hogar. En Jiulongcun se apelotonan los voluntarios, organizados por su cuenta desde todo el país, en la que ha sido una de las primeras muestras de fuerza de la sociedad civil de China, un país en el que el Gobierno habitualmente controla todas las áreas de esa sociedad, hasta las ONGs. Pero el Gobierno chino no puede en esta catástrofe atender a los centenares de miles de afectados, lo que le ha llevado a permitir a todos, chinos y extranjeros, a que lleguen a la zona devastada para ayudar, en un aperturismo sin precedentes (en otras ocasiones, incluso se dificultaba a los periodistas la cobertura de desastres). “Nosotros nos hemos organizado por internet. Venimos de Hunan (una provincia del centro de China, a unos mil kilómetros). Ha llegado el momento de ayudar al país”, comenta el joven Wei Jiulong, uno de los voluntarios. Miles de ellos llegan en furgonetas con carteles en el parabrisas en los que se lee “luchando contra el terremoto”, y consignas del tipo “desde los ocho rincones del país, mano a mano, superaremos la catástrofe”. En el maletero, decenas de cajas de comida y bebida, que ya escasea en muchas tiendas de Chengdu, la capital provincial, porque lo están entregando todo a la zona devastada. Las muestras de solidaridad se notan en una zona en la que el comercio ha desaparecido: ya nada se compra ni se vende, pese al afán de negocio que la China de la reforma y la apertura había traído. Ahora todo se regala en la región del terremoto, nada tiene precio y se entrega voluntariosamente al que más lo necesita.

Ira y desconcierto

En medio de la catástrofe también hay personas que expresan su ira por lo sucedido, como el escritor Sun Jianjun, que tras visitar lo que queda de Jiulongcun asegura que “estos edificios dice el Gobierno que están hechos de hormigón, pero es mentira, son materiales muy malos”. “Nos están mintiendo, y los periodistas que intentan destapar el escándalo son castigados”, asegura Sun, aunque muchos de los vecinos de Jiulongcun le reprenden, diciéndole que es el momento de ayudar, no de criticar. En algunas localidades, como Juyuan, a unos 60 kilómetros del epicentro, la única estructura del pueblo que se derrumbó fue la escuela, causando la muerte de miles de estudiantes. El clamor popular ha hecho que el Gobierno chino haya anunciado que investigará las licitaciones para construir escuelas en el país y los materiales que se emplearon, aunque la prioridad sigue siendo llegar a los lugares aún aislados. Hay otros edificios públicos que también han salido malparados: en Mianzhu, localidad del municipio de Mianyang, la sucursal del Banco de China se derrumbó dejando atrapados a clientes y empleados. Este viernes, grúas y obreros lograron sacar, cuatro días después del terremoto, el cadáver de uno de los cajeros. Se repite el drama de cientos de pueblos: sus familiares lo cargan, llorando, en una manta, y encienden petardos para expresar su dolor y ahuyentar los malos espíritus.


El ciclón ‘Nargis’ destruye Myanmar

Mayo 18, 2008

El balance oficial de muertos por el paso del ciclón ‘Nargis’ a principios de mayo por Myanmar (antigua Birmania) se ha elevado a 77.738, mientras que otras 55.917 personas permanecen desaparecidas. Las tareas de ayuda para socorrer a los 2,5 millones de supervivientes se han complicado por las lluvias torrenciales tropicales caídas en la zona del delta del río Irrawaddy. Pese a la última tormenta, que posiblemente convertirá en lodo los caminos ya dañados en una región cubierta por pantanos, la Junta Militar ha insistido en que sus operaciones funcionan sin contratiempos. La televisión estatal ha ofrecido cifras que prácticamente duplican las fuentes oficiales. Además, el número de heridos es de 19.359. Pese a este nuevo balance, las organizacioens de asistencia insisten en que el número de fallecidos es mucho mayor. El Gobierno mantiene en vigor un decreto, emitido ayer en periódicos estatales, que anuncia acciones legales contra cualquiera que sea descubierto acumulando o vendiendo suministros de emergencia, en medio de rumores de que hay unidades militares locales que expropian camiones de comida, agua y ropa. Si la ayuda no llega a los afectados en cantidades mayores, los gobiernos extranjeros alertan de que enfermedades y hambruna se cobarán más víctimas.

Se mantienen las trabas a los cooperantes

El principal funcionario de ayuda de la Unión Europea se reunió ayer con ministros en Rangún y los instó a aceptar a los trabajadores de ayuda internacionales y a equipamientos esenciales para evitar que siga creciendo la cifra de muertos, que según la Cruz Roja podría llegar hasta 128.000. Anteriormente, los generales, indicaron que no cederían en su posición de limitar el acceso de extranjeros al delta, temerosos de que eso pueda afectar su control. Dos semanas después de que la tormenta devastase la poblada zona del delta del Río Irrawaddy, los suministros de comida, medicinas y refugios han sido enviados con cuentagotas a las comunidades afectadas. En el pueblo de Bogalay, en el delta del río y donde se cree que cerca de 10.000 personas han muerto, la gente se quejaba de ser sometida a trabajos forzados y de la escasa existencia de alimentos en los centros estatales para refugiados.

Más presión de la ONU

Naciones Unidas, que ha aseverado que más de medio millón de personas podría estar refugiada en asentamientos temporales, ha aumentado sus estimaciones de personas con necesidades urgentes a 2,5 millones y pidió una conferencia de donantes de alto nivel para abordar la crisis. Estados Unidos y otros países siguieron llevando ayuda hacia Rangún hasta ayer, pese a informaciones no confirmadas de que algunos bienes eran desviados por el Ejército. EEUU ha completado 13 vuelos con agua, comida y otros suministros y planea más viajes para hoy, pero no ha recibido la aprobación de Myanmar aún. Por su parte, Francia y Reino Unido, antiguo gobernante colonial del país, señalaron que también están enviando suministros de emergencia.

Los intereses de la Junta Militar

Poniendo de manifiesto dónde tiene concentrada su atención, la Junta ha anunciado el resultado abrumadoramente favorable a la Constitución apoyada por el Ejército en el referéndum que se realizó el sábado 17 de mayo, pese a los llamados a que fuese pospuesto como consecuencia del desastre. Según resultados oficiales, la participación llegó al 99% y que más del 92% de los votos emitidos eran en favor de la Constitución, que da al Ejército un cuarto de los escaños del Parlamento, el control de ministerios claves y el derecho a suspender la Carta Magna a su voluntad.