Gorki Luis Águila Carrasco, líder de la banda cubana de punk-rock Porno para Ricardo , fue detenido el lunes 25 de agosto en La Habana y podría ser juzgado por peligrosidad, figura delictiva que se castiga hasta con cuatro años de cárcel. Un comunicado del grupo en su página web indica que Gorki fue detenido en su casa “cuando se disponía a grabar las últimas canciones del próximo disco”, y denuncia que “la creación artística independiente en Cuba se premia sólo con persecuciones y órdenes de búsqueda y captura por parte de la policía de la dictadura”. “Nada nuevo”, agregan, y recuerdan que en 2003 Águila fue “arrestado bajo cargos falsos [de tráfico de drogas] y condenado a cuatro años de prisión”. “En realidad, el delito de Gorki es sólo uno: tener los cojones necesarios para denunciar los atropellos de la tiranía contra el pueblo cubano y la ilegitimidad del régimen hereditario impuesto a Cuba”. Porno para Ricardo nació en 1998 y no ha rehuido la dura realidad cubana, como puede verse en sus letras: “Te juro que yo no he conocido a un tipo mas singao que ese negro chivatón, / nos quita siempre el lugar de ensayo y manda a un policía a inspeccionar nuestra actuación / La perra puta del delegado nos quiere meter presos en cuanto tenga la ocasión, / junto a la Seguridad del Estado, no quiere que le hagamos al comandante otra canción”, dice una de sus letras.
Gorki, liberado
El viernes 29 de agosto de 2008 Gorki Águila, líder de la polémica agrupación Porno para Ricardo, fue llamado al Tribunal Municipal de Playa en La Habana -a cuyas puertas se agolparon cientos de seguidores, representantes de la diplomacia en la isla y periodistas- para enfrentarse a un juicio por ”peligrosidad social predelictiva”. Curiosamente, en la misma sala, Águila, de 39 años, supo que la acusación había sido modificada por la de “desobediencia”. El músico, detenido desde el lunes, fue condenado a pagar una multa de 600 pesos (unos 30 euros) y puesto en libertad. La presión internacional ha valido en este caso.

Escrito por Emilio Luque
Escrito por Emilio Luque 
