Violencia y represión en El Aaiún
Desde el pasado 8 de noviembre de 2010, Sáhara Occidental y su capital, El Aaiún, arden en llamas. Frente al mutismo oficial de Marruecos, el Polisario habla de los incidentes más graves registrados en este territorio desde 1991, año que marcó el final de la guerra entre el Frente Polisario y Marruecos. En concreto, el movimiento independentista habla de 11 muertos saharauis, 723 heridos y 159 desaparecidos, mientras que el Gobierno marroquí ha elevado a seis los fallecidos -cinco agentes marroquíes y un manifestante saharaui- y decenas de heridos. Las Fuerzas de Seguridad de Marruecos reprimen a sangre y fuego campamentos civiles y han ordenado la busca y captura de cientos de activistas saharauis. El Gobierno marroquí ha decretado el toque de queda nocturno, pero las escaramuzas han llegado hasta el barrio del aeropuerto y a Alaude, donde han sido instalados los saharauis que han regresado de los campamentos de refugiados. Se han producido saqueos y ataques a propiedades saharauis en El Aaiún y se han registrado choques aislados entre civiles marroquíes y saharauis en el barrio de Colominas, centro histórico de la ciudad. El jefe de la policía de El Aaiún ha desmentido que se hubiesen registrado enfrentamientos y ha asegurado que la situación es “estable” y “normal”, según informa la agencia oficial de noticias de Marruecos MAP.
Según la agencia de noticias del Frente Polisario, SPS, la ciudad ha quedado “completamente sellada” por furgonetas del Ejército marroquí “en cada una de las esquinas de los barrios saharauis” y por la instalación de puestos de control en las carreteras de acceso a la ciudad, “prohibiendo la entrada de extranjeros”. En El Aaiún se ha comenzado a enterrar a los “mártires” de la “barbarie de un ocupante déspota y feudal que no corta en cometer asesinatos cobardes dignos del apartheid y el nazismo”, señala un comunicado remitido por la Delegación del Frente Polisario en España. Lo que parece una Intifada por un Sáhara Occidental libre ha comenzado.



Hace dos semana de mi vuelta de los campamentos de refugiados saharauis de Tindouf. Durante dos semanas conviví con familias de Dhajla y Smara respectivamente. Pude comprobar la hospitalidad y el gran corazón de un pueblo que apenas teniendo nada lo da todo. Durante mi estancia, desmantelaron el campamento del Aiún… Fueron días intensos donde nos llegaban noticias de primera mano que nos contaban como torturaban y mataban a un pueblo que no tenía armas para defenderse, y que lo único que quieren es recuperar su tierra para poder vivir dignamente. No pude evitar que mis lágrimas se derramaran al enterarme cómo había niños por las calles de el Aiún a los que la policía de Marruecos detenían, interrogaban y torturaban con apenas 12 años, como otros tanto niños buscaban a sus padres desaparecidos; padres cuyos cuerpos estarían en fosas comunes a los que los marroquíes no dejaban acercarse. Hace unos días me enteré de que una veintena de camiones cargados de jóvenes saharauis armados partían hacia el muro de la vergüenza preparados para la guerra… uno de los jóvenes miembro de la familia que me acogió durante una semana va en uno de ellos. Espero y deseo que no estalle la guerra, una guerra estúpida que acabaría con la vida de mis familiares saharauis. Estoy en contra de toda guerra, siempre he pensado que la palabra y la razón es la mejor solución a cualquier conflicto… Pero cada día el ser humano me decepciona más, no comprendo como el resto del mundo le da la espalda a un pueblo que lucha cada día por sobrevivir en mitad de la nada.