Desastre natural, desastre humano
El terremoto más grande de la Historia (escala 9 de Richter) que sufrió Japón el pasado viernes 11 de marzo de 2011 fue un simple desastre natural, un desastre fatal, irremediable. Una falla archiconocida, un maremoto consecuente, llamado ahora tsunami, con una palabra paradójicamente japonesa, y la pérdida de incontables vidas humanas (hasta diez mil muertos pudo provocar el terremoto), fue el inicio de una de las mayores catástrofes conocidas hasta hoy. No por el número de muertos (recordad Haití, en 2010, con más de 300.000 cadáveres), sino por aunar en Japón, desastre tras desastre, un terremoto, un tsunami y una crisis nuclear, a lo que hay que sumar la manera de acceder a la información en una sociedad avanzada como la japonesa. Lo nuevo, lo remediable, lo humano, es la crisis nuclear, que ha puesto en tela de juicio cuanto pensábamos sobre la seguridad de nuestras centrales nucleares. Y es que Japón, una isla asentada sobre un polvorín, cuenta nada menos que con 54 centrales nucleares, un monumento a la barbarie y sinrazón humanas, fruto de la codicia yla locura humanas: centrales nucleares de peligrosidad nunca aclarada y que con una energía limpia permiten un crecimiento exponencial de nuestras sociedades de consumo y la consiguiente degradación del medio natural. Catastrófica naturaleza, catastrófica humanidad.


