Carme Chacón, durante su intervención en el Congreso en julio de 2008
Un nuevo tratado sobre bombas de racimo será sancionado por 111 países en una ceremonia que se celebrará en Oslo el 2 de diciembre de 2008, y entrará en vigor seis meses después de que haya sido ratificado al menos por 30 países. El tratado recoge medidas y plazos para la destrucción de arsenales, asuntos que deberán resolverse lo antes posible y nunca después de ocho años a partir de su ratificación. Las bombas de racimo consisten en una bomba “contenedor” que se lanza desde tierra, mar o aire, y que al abrirse durante la trayectoria deja caer en dispersión cargas explosivas.
El tratado “prohíbe, bajo cualquier circunstancia, el uso, desarrollo, fabricación, adquisición y almacenamiento” de las bombas de racimo, al tiempo que refuerza la asistencia a las víctimas, la mayoría civiles. Los países firmantes y la Coalición contra las Bombas de Racimo (CMC), que agrupó a más de 200 ONG durante las conversaciones de Dublín, han calificado el tratado de histórico, a pesar de que los principales productores y usuarios (EEUU, Rusia, China e India) no lo han suscrito. Para la CMC, estas cuatro importantes excepciones no desvirtúan su objetivo final, la prohibición total y confían en que se repita el efecto del Tratado de Ottawa de 1997 sobre minas antipersonas, que tampoco fue ratificado por EEUU y, sin embargo, tras la presión ejercida sobre Washington por sus aliados, modificó radicalmente su política sobre el uso de minas, hasta el punto de que ya no las utiliza.
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Escrito por Emilio Luque 
